Anatomía de un berrinche

Publicado por Religión Digital bajo el título, James Alison: “El responsum de la CDF parece seguir realmente el modelo ‘berrinche’ de la educatio interrupta caprichosa”. También disponible en inglés y francés.

Imagínate que alguien se encierra deliberadamente en un cuarto pequeño. Luego hace saber que no puede conversar sobre algo contigo… porque se encuentra encerrado en un cuarto pequeño. Y lo justifica diciendo: “No puedo porque digo que no puedo; y lo digo porque ya he dicho que no puedo”.

A semejante acto de comunicación se le llama “berrinche”. No tiene como objetivo enseñarte nada. Aparte, claro está –y de manera accidental–, de informarte sobre lo importante que se considera a sí mismo el protagonista y su apego a una lógica circular. La finalidad es interrumpir aquello que estabas haciendo, jugar con tus emociones e intentar ejercer un poder sobre ti. Exige el fin de un proceso dialógico y la imposición de un absoluto. El tipo de absolutismo que asociamos con infantes enfurecidos.

Por suerte, como saben los adultos, el berrinche solo tiene sobre ti el poder que tú mismo le otorgas.

Digo todo esto no como insulto hacia la CDF, cuyos altos miembros seguramente saben en qué tipo de juego comunicacional se han metido con el Sínodo Alemán. Lo digo para ofrecer una protección a las personas doloridas y escandalizadas por su responsum. Pues, cuando percibes claramente que algo es un berrinche, es menos probable que te cale tan hondo algo dicho por su protagonista. Es menos probable que te des por aludido. Es más probable que reconozcas allí un triste mecanismo engañoso que se retroalimenta.

Dicho esto, hay que añadir que el responsum de la CDF parece seguir realmente el modelo “berrinche” de la educatio interrupta caprichosa. Plantea una pregunta autoprovocada. Y luego ofrece una respuesta autorreferencial. Respuesta que espera que funcione como acto de poder, y no de diálogo.

Luego se justifica con una lógica circular. A partir de una deducción a priori de la presunta heterosexualidad intrínseca de todos los seres humanos, la CDF supone una tendencia objetivamente desordenada y actos intrínsecamente malos en ambas partes en una relación entre personas del mismo sexo. De esa manera llega a la única conclusión posible. Y luego se cita extensamente a sí misma para demostrarlo.

Y esta es lo triste de su situación: nuestros hermanos están encerrados en un discurso de “objetividad” que tiene escasa relación con la realidad de la creación tal y como la estamos conociendo, y en la cual estamos participando. Y quedarán encerrados hasta que un papa o un concilio les libere de dar vueltas en esta rueda de molino, les autorice formalmente a emprender otro camino.

Una pregunta clave para dejar atrás la enseñanza al estilo berrinche: ¿De qué modo está –de hecho, en la práctica– revelándonos la Sabiduría Divina la inteligibilidad de todo lo creado, convirtiéndonos, por medio de nuestra participación activa e inteligente en esa misma Sabiduría Creadora, en hijas e hijos de Dios, herederos de la Creación?

Lo que hemos aprendido durante los últimos cien años, más o menos, sobre los asuntos que ahora denominamos LGTB+ sirve como un buen campo de prueba para que nos acerquemos a una respuesta. Donde una moral asustadiza busca cerrar las cosas, la Sabiduría, comenzando por nuestros rechazados, va desplegando la realidad de lo que es, mientras nos dejamos perdonar por la estrechez de nuestra bondad y la dureza de nuestro corazón, tamizando nuestros miedos y engaños. Así llegamos a descubrir a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y cómo somos amados.

Solo puede ayudar en esto una antropología teológica del aprendizaje que esté en armonía con la forma en que, de hecho, aprendemos. No una que exija una serie de deducciones a partir de principios generales, y que luego descarte los elementos de realidad que no encajan.

De modo que… sobre el asunto de las bendiciones, tanto dadas a parejas del mismo sexo, como recibidas y compartidas por ellas: Nuestro Señor nos enseña que es por el fruto que conocemos al árbol. O sea, él provoca en nosotros un proceso de aprendizaje. Y esto nos conduce a descubrir la bendición en las cosas, formas de vida bendecida nuevas y antiguas. El poder y la gloria del Creador realmente tienden a mostrársenos por medio de nuestro devenir, mientras discernimos para qué y quiénes somos. Es especialmente bendito este aprendizaje cuando nos encontramos recibiendo el perdón por haber caracterizado a grupos de personas de manera falsa, y al descubrir que la vida es más rica y mejor para todos nosotros cuando a estas personas se les anima a ser lo que son.

La CDF, confrontada con el mismo árbol y su fruto nos asegura que, como es el tipo de árbol equivocado, entonces su fruto debe ser malo. Esto no es un proceso de aprendizaje. Es aferrarse a un principio sagrado restrictivo que dispensa de la necesidad de aprender a quienes lo esgriman.

Me da mucha alegría que muchos católicos estén aprendiendo a esquivar el berrinche, adhiriéndose más bien a Nuestro Señor. Es muy poco probable que el responsum nos disuada de bendecir a Dios al descubrir que Dios nos está bendiciendo.

James Alison
Madrid 20.iii.2021

(Traducción del autor, con mejorías por amigos, del artículo “How to recognise a tantrum” que sale en The Tablet – revista católica inglesa – el 25 de marzo. Aparece en castellano primero con permiso del editor de la misma revista)